La victoria Pascual


Mons. Enrique Benavent             Podemos imaginar la situación de desconcierto en la que se encontrarían los discípulos después de la muerte de Cristo: lo habían dejado todo para seguir a Jesús y humanamente hablando todo había sido un fracaso. Nada de lo que esperaban o imaginaban se había realizado. Junto a esta desilusión por unas expectativas no cumplidas, seguramente tendrían otras dudas más profundas: el Señor había pasado por nuestro mundo haciendo el bien, amando a todos, ofreciendo el perdón de Dios a los pecadores, curando a los oprimidos por el diablo, sembrando esperanza en el corazón de los que sufrían, luchando por la justicia, diciendo la verdad… Y la respuesta del mundo había sido la incomprensión y el rechazo. Jesús en la cruz es la imagen del justo perseguido injustamente, del triunfo de la mentira sobre la verdad, del odio sobre el amor, del mal sobre el bien, de la muerte sobre la vida.

La perplejidad que se refleja en los salmos cuando se constata que en nuestro mundo son los injustos los que tienen éxito y los justos los que sufren, la vivirían los discípulos en toda su radicalidad después de la muerte de Cristo. Podemos imaginar los interrogantes angustiosos que se plantearían: ¿Qué Dios es este que abandona al justo poniéndolo en manos de los pecadores? Si este ha sido el final de Jesús, ¿vale la pena seguir luchando por la verdad y el bien? ¿No es Jesús uno más en la larga serie de víctimas de los poderosos que jalona la historia de la humanidad?

En la mañana del domingo de Pascua, al encontrarse con el Resucitado, a los discípulos se les abre un nuevo horizonte de vida y de esperanza: Jesús no ha sido abandonado por Dios. Su muerte, que Él había vivido como el momento del amor más grande y de la entrega plena en favor de todos, no le ha llevado al fracaso sino a la victoria: al triunfo de la verdad sobre la mentira, del amor sobre el odio, del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte.

La historia de nuestro mundo nunca dejará de ser una historia de dolor y de sufrimiento para todos aquellos que, siguiendo los pasos de Cristo, quieren sembrar el reino de Dios en nuestro mundo. Pero Cristo resucitado nos indica dónde está la verdadera vida y el camino que conduce a ella: el servicio y la entrega en favor de los otros. Pascua nos ayuda a identificar quiénes son aquellos que aportan algo valioso a nuestro mundo: no los que se sirven de la fuerza y del poder para imponer la verdad haciendo sufrir a los demás por ella, sino aquellos que aceptan en sí mismos el sufrimiento por la verdad y el bien; no quienes viven de una manera egoísta pensando en sus intereses, sino aquellos que ponen su persona, sus vidas y sus cosas al servicio de la justicia y del reino de Dios.

La resurrección de Cristo trastoca los valores y los criterios de nuestro mundo: quien había sido despreciado y expulsado del mundo se muestra victorioso, y quienes aparentemente habían vencido han quedado derrotados. Dios ha puesto las cosas en su sitio: la prepotencia del mal ha sido vencida por la omnipotencia del amor.

Feliz pascua a todos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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