HOAC y LOC-MTC denuncian la precariedad laboral y la creciente desigualdad social


Comunicado del Encuentro bilateral LOC/MTC Portugal – HOAC España

La Ejecutiva Nacional de la LOC/MTC (Movimiento de Trabajadores Cristianos) de Portugal, y la Comisión Permanente de la HOAC, (Hermandad Obrera de Acción Católica) de España, movimientos de Acción Católica especializada, se han reunido en Covilhä, del 13 al 15 de febrero de 2017 para debatir conjuntamente la situación del mundo del trabajo y de la Iglesia en nuestros países y compartir la vida y acción de ambos movimientos.

Constatamos que las dificultades por las que pasan los trabajadores y trabajadoras en el mundo del trabajo, dominado, globalizado y desvalorizado por el sistema económico y financiero y por los dueños de los medios de producción y de consumo, nos muestran que las situaciones de injusticia y desigualdad que sufren los trabajadores junto con sus familias, y la preocupación por su futuro son semejantes en ambos países.
Las reformas laborales han provocado la destrucción de empleo, la inestabilidad laboral y el retroceso en la negociación colectiva, así como la reducción de salarios y de las condiciones de trabajo, con un mayor empobrecimiento de los trabajadores y trabajadoras.

La crisis no solo se ha instalado en la economía, sino también en el corazón de muchos trabajadores, que se resignan a su condición de precariedad, desencadenando procesos de discriminación social, de angustia, de tristeza e infelicidad que ha llevado a muchos a retirarse de la vida activa como ciudadanos. Al mismo tiempo, y en general, dentro de la Iglesia se vive una cierta apatía ante esta problemática: el sufrimiento de los trabajadores, sus causas, y como actuar para transformar esta realidad.

Debido a los recortes en los mecanismos de solidaridad social y a la desregularización del mercado del trabajo se ha producido, como dice Benedicto XVI en la encíclica Cáritas in veritate, «la reducción de las redes de seguridad social que causan gran peligro para los derechos de los trabajadores, los derechos humanos fundamentales y la solidaridad llevadas a cabo por las formas tradicionales del Estado social» [1].
Sin embargo, parece que hay una conciencia individual y colectiva de que es necesario cambiar este estado de cosas. En casi todos los sectores de la sociedad, los trabajadores y la población en general han reaccionado de las más diversas maneras, en contra de las políticas de austeridad, los recortes de salarios y pensiones, y la reducción de los derechos sociales.

Asistimos a un despertar de personas que miran por sus semejantes, luchan contra el egoísmo, y sienten que no están solos y que son parte de un todo, que también son responsables de los que están a su lado. Se va notando un mayor sentido ético e indignación contra la injusticia y la corrupción y el reconocimiento de la importancia y de la necesidad de la unidad, creyendo que otra sociedad más justa y sostenible es posible. Una sociedad con un trabajo digno, con salario justo, pilar fundamental del progreso, que priorice la justicia social, la distribución de la riqueza y respete la sostenibilidad de los recursos naturales, tal como el papa Francisco afirma en su exhortación apostólica La alegría del Evangelio [2]: «No hablamos sólo de asegurar a todos la comida, o un “decoroso sustento”, sino de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno.»

Con la certeza de que es mediante el testimonio de vida y la participación ciudadana en las organizaciones culturales, sociales, sindicales, políticas y eclesiales, como realizamos nuestra vocación de ser Iglesia enviada a evangelizar el mundo obrero y del trabajo, queremos:

▪Denunciar las situaciones de creciente desigualdad social e injusticia laboral, de precariedad de vida, empleos inestables, desempleo de larga duración, y al mismo tiempo poner de manifiesto la escasa acogida que el sufrimiento de estas personas, sobre todo los jóvenes, tienen en la pastoral de la Iglesia.

▪Afirmar nuestra fe en Jesucristo, con la esperanza que brota de la acción del papa Francisco y de la reacción e intervención activa de los pueblos en el cambio que nos lleve a la defensa del bien común y de la dignidad de las personas, así como a la toma de conciencia ante estas realidades.

▪Valorar la participación de todos para contribuir a los cambios, a la toma de medidas y a la búsqueda de respuestas a los problemas sociales. Sobre todo animamos a la participación en la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, implicando a la Iglesia y a la sociedad civil.

▪Animar a despertar a los que se muestran indiferentes y viven cómodamente instalados ante las injusticias de los más desfavorecidos de la sociedad, para que cumpliendo nuestros deberes cívicos y políticos, seamos agentes de cambio en la implementación de una vida social basada en los valores cristianos.

Somos testigos de cómo estos encuentros entre la LOC/MTC y la HOAC, fortalecen y animan la misión que tenemos confiada por la Iglesia, en nuestros respectivos países, y por ello, nos proponemos darles continuidad.

[1] Caritas in Veritate 25
[2] EG 192

(HOAC)

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