Arzobispo de Toledo: Conocer las Escrituras es verdadero alimento y verdadera bebida


Toledo Braulio Rodriguez 03Este sábado, 17 de septiembre, el Arzobispo de Toledo, Mons. Braulio Rodríguez Plaza, hacía entrega a todos los participantes en la Jornada Diocesana de Inicio del Curso, su nueva Carta Pastoral que lleva por título «Conocer las Escrituras es verdadero alimento y verdadera bebida» y con la que pretende «servir de ayuda para poner en práctica la programación pastoral para el curso 2016-2017 del Plan Pastoral Diocesano en su quinto año.

La Carta consta de una introducción, cuatro capítulos y un epílogo final y con ella, según explica el Arzobispo de Toledo, desea invitar a todos a «que tengamos hambre de oír la Palabra de Dios, que nos dispongamos a mirarla con ojos nuevos, para reconocer lo que nuestro Señor ha querido manifestarnos en orden a nuestra felicidad, a nuestra salvación; lo que Él ha hablado al corazón de su Pueblo, primero a Israel, más tarde, en la plenitud del tiempo, a su Iglesia por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo».

En el primer capítulo se refiere a «nuestra actitud ante la Palabra de Dios»; el segundo lleva por título «el misterio de Dios que nos habla». El tercero está dedicado a «Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio» y, finalmente, don Braulio reflexiona sobre «la Palabra de Dios y nuestro Plan Pastoral Diocesano».

En la introducción, el Arzobispo comenta el número 21 de la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II y afirma de este «texto muy denso», se deriva una consecuencia muy clara: «los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura, porque Dios sigue hablándonos». Pero se pregunta después si realmente «leemos la Escritura Santa», recordando que «no se trata de cualquier lectura», porque son «palabras que va a nuestro corazón».

Constata, sin embargo, que «nuestra cultura no es bíblica y el número de los que no leen y, por ello, no conocen la Biblia es muy grande entre nosotros». Constata también que «los cristianos españoles somos en Europa los que menos leemos la Sagrada Escritura». Se pregunta, por tanto, «quién tiene la culpa de esta situación» y, tras recordar que no hay que entrar en debates estériles afirma que «hay que reconocer que adentrarse en la Biblia para escuchar la Palabra de Dios no consiste únicamente en comprar un libro y leer sin más». Por eso invita a realizar una «lectura en profundidad de la Biblia».

Algunos condicionantes

En el primer apartado de la Carta, Mons. Braulio Rodríguez reflexiona sobre «nuestra actitud ante la Palabra de Dios». Comienza constatando que ante ella «se dan también entre nosotros resistencia muy fuertes». «En nuestra sociedad –afirma- prevalece una racionalidad cientifista y domina la técnica que, a la vez que ha creado mejores condiciones de vida, ahoga con frecuencia las preguntas importantes para el ser humano. En el pluralismo ideológico actual se induce también a un escepticismo hacia la verdad. Nosotros somos muy utilitaristas y confiamos excesivamente en el poder económico, político y mediático, que arrincona la preocupación ética».

Por eso se pregunta seguidamente «cómo influyen estos condicionamientos en un alejamiento práctico de la Palabra de Dios, en un rechazo casi instintivo a abrir un libro como la Biblia y ver qué luz nos viene de ella para nuestros problemas diarios».

«La Biblia –añade– es uno de los grandes relatos que menosprecia la cultura postmoderna o simplemente actual». Por eso, «en un mundo de una fe casi fenecida, el texto bíblico es considerado por muchos un residuo anacrónico, ideología que se resiste a morir, palabra extraña, también para muchos creyentes».

Constata también el Sr. Arzobispo que leer la Biblia como «Palabra trascendente que revele el rostro de Dios y su tabla de salvación», es considerado por muchos como «una actitud contraria a la autonomía humana», entendiendo que más bien se trata de un mero «producto cultural».

Otro de los hechos que constata el Arzobispo de Toledo es que el propio texto de la Sagrada Escritura presenta dificultades para su comprensión, por eso, afirma que «es necesario ayudar al pueblo creyente a leer bien la Biblia». Y advierte: «No vale cualquier lectura de la Biblia». Por eso advierte sobre el peligro de «servirnos de ella utilizándola según nuestros intereses o concepciones». En este sentido, recuerda que «una cosa es aceptar la inspiración divina de la Biblia y otra, muy diferente, es pensar que Dios hizo un dictado literal al autor sagrado».

Aprovecha seguidamente el Arzobispo en su escrito para explicar, por ejemplo, que es necesario tener en cuenta que en la Escritura «aparecen géneros literarios o formas de narrar como en cualquier libro de la Antigüedad, que permiten una interpretación adecuada a su doble condición de palabra inspirada y leída en la Iglesia», por eso es necesario siempre prestar atención al contexto en el que los diferentes libros fueron escritos.

Otra de las lecturas inapropiadas de la Sagrada Escritura es la de aquellos que la consideran como «una guía para alcanzar el equilibrio y la integridad emotiva, echando mano de categorías psicológicas que suplantan a las teológicas. O hay quien hace una lectura ideológica de la Escritura, bien sea conservadora o progresista/ revolucionaria; o una lectura moralista, en la que todo sirve para determinar nuestro comportamiento, sin tener en cuenta la acción del Espíritu Santo, tan distinta de la lectura verdaderamente espiritual».

«Tal vez lo que más entristece –concluye el Mons. Rodríguez Plaza en este apartado– es que la gran mayoría desconoce la Biblia. La muchedumbre de católicos practicantes conoce de la Biblia lo que recuerda de la Misa del domingo. La ignorancia es considerable. Vivimos lejos de la Palabra de Dios. Y hay que salir de esa ignorancia. Es urgente favorecer el encuentro de los cristianos con ella. Es preciso que la Palabra de Dios circule en la Iglesia», porque «una Palabra de Dios escuchada, explicada, compartida y convertida en fuente de oración, tiene un frescor y un sabor que no poseen otros alimentos del espíritu».

Encuentro con la Palabra

En el segundo apartado de la carta, «El misterio de Dios que nos habla», Mons. Braulio Rodríguez parte de un convencimiento: «Hay que favorecer suficientemente el encuentro con la Palabra de Dios». Para explicarlo, recuerda que «este hablar de Dios» no es «un hablar al dictado a los distintos autores de la Biblia», de modo que esta constatación le permite explicar el sentido de la inspiración divina de la Palabra revelada: «De forma análoga, aunque no idéntica, a cómo el Espíritu Santo actúa en la Virgen María en la encarnación del Hijo de Dios sin acción de varón alguno, actúa en el escritor sagrado para que éste acoja la Palabra de Dios y la ‘encarne’ en un lenguaje perfectamente humano».

De este modo, «el resultado de la inspiración, en el caso de la Biblia, es una realidad plenamente divina y plenamente humana en la que lo humano y lo divino están íntimamente unidos, pero no confundidos. La Iglesia nos dice que Dios es el autor principal de la Biblia, porque asume la responsabilidad de lo que está escrito, determinando el contenido mediante la acción de su Espíritu».

Explica seguidamente el Arzobispo de Toledo en su carta con más detenimiento algunos aspectos que se derivan de la inspiración divina de la Sagrada Escritura para llegar a una primera conclusión: «El Espíritu Santo, tras haber inspirado la Sagrada Escritura, se ha quedado en ella, la habita y la anima sin cesar con su soplo divino».

La siguiente cuestión tiene un profundo significado: «¿Cómo acercarnos a la Biblia de modo que libere para nosotros el Espíritu que contiene?». Para responder a esta pregunta del Sr. Arzobispo constata: «No podemos descubrir en los escritos bíblicos el significado divino, lo que Dios quiere decirnos, si no partimos del significado humano en el que se han expresado los autores sagrados… Así se explica el inmenso esfuerzo de estudio e investigación que, a lo largo de la historia, ha rodeado a la Sagrada Escritura».

Ahora bien, surge entonces una nueva pregunta: «¿Cuál es la comprensión adecuada de la Biblia? Dicho de otra forma: ¿es posible una interpretación bíblica al margen de la fe?» El «riesgo de reducir la Escritura a una sola dimensión», es decir entender la Biblia como «un libro solamente humano», es «un peligro real, también hoy».

Este hecho permite al Arzobispo reflexionar sobre algunas cuestiones relacionadas con el estudio de la Sagrada Escritura, tales como la aplicación del método «histórico-crítico». Así, Mons. Braulio Rodríguez advierte que «la pretensión de comprender la Escritura estudiándola únicamente y de modo exclusivo mediante el análisis históricofilológico es como pretender descubrir la Eucaristía basándose en el análisis químico de la Hostia consagrada. Ese análisis histórico-crítico no es más que el primer peldaño, el que tiene que ver con la letra, del conocimiento del texto de la Biblia».

«La Biblia –advierte don se en un simple ‘objeto’ que el profesor ‘domina’, y ante el cual, como cualquier hombre de ciencia, él es ‘neutral’». «La Escritura –añade– diríamos que se cierra a quien se acerca a ella queriendo dominarla o estudiándola solamente con los métodos histórico-críticos».

Lectura espiritual

Pero «hay otra manera de acercarse a la Biblia y comprenderla… Es la lectura espiritual del texto sagrado». En este sentido, don Braulio explica que «a mi entender, en la Iglesia se vive y ella misma vive de esta lectura espiritual de la Biblia, y cuando se obstruye ese canal que alimenta la piedad del Pueblo de Dios, la fe, el celo, la vida de los creyentes se debilita y hasta se seca».

«Y creo yo –añade– que ya no se entiende la Liturgia, o se vive como un elemento separado de la vida personal, de la fe que integra todo, ni se siente necesidad de una formación permanente ni descubrimos la caridad social y política que toda vida cristiana debe contener».

Esta «lectura espiritual de la Biblia no significa ‘lectura edificante’, mística, subjetiva, que no tiene en cuenta la realidad ni la historia; tampoco es una lectura fantasiosa, literal o fundamentalista, en oposición a la lectura científica, objetiva y neutral. Lectura espiritual tiene que ver con el Espíritu de Dios, no con el espíritu del hombre, basada en el llamado ‘libre examen’, que aparece justamente cuando uno ha renunciado a la lectura espiritual y se abandona a su sola comprensión subjetiva».

Además, «la lectura espiritual se realiza bajo la guía o la luz del Espíritu Santo, que es quien ha inspirado la Escritura…» y se basa «en un hecho histórico, es decir, en el acto redentor de Cristo que, con su muerte y resurrección, cumple el proyecto salvador del Padre, y lleva hoy a cabo todas las figuras y profecías, revela todos los misterios escondidos y ofrece la verdadera clave de la lectura de toda la Biblia. Así la Palabra de Dios es viva y eficaz».

Finalmente, el Sr. Arzobispo explica que «una forma de lectura espiritual es la lectio divina…» (‘lectura divina’), que no es una práctica «para elites», porque «se puede hacer en casa o en el templo a la vez que ese cristiano se apunta, por ejemplo, a un curso bíblico en la parroquia o en otro ámbito eclesial. Y es que la Palabra de Dios es para todos. La lectio divina es, en realidad, un confrontarse personalmente con Dios, en un encuentro en el que se halla la paz, sin miedo alguno».

El Plan Pastoral Diocesano

La parte cuarta de la Carta Pastoral se refiere a «la Palabra de Dios y nuestro Plan Pastoral Diocesano». Mantiene el Arzobispo de Toledo que el programa del Plan Pastoral para este nuevo curso «contempla todo un programa de acciones bien pensadas, que estoy seguro ayudarán a las comunidades cristianas a adentrarse en esa cultura bíblica que el Pueblo cristiano perdió hace mucho tiempo».

Desde esta consideración, el Sr. Arzobispo apunta algunos aspectos que le parecen importantes «a la hora de acoger con ilusión y pasión este quehacer pastoral». Así, recuerda, en primer lugar, con la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, que «Cristo está siempre presente en su Iglesia» y añade que «aceptar esa Presencia de Jesucristo es, pues, vital para la acción apostólica, pues aleja de un ritualismo que no deja esponjar nuestro interior, que es cambiado por el Espíritu Santo para vivir en cada generación la Nueva Alianza».

Subraya seguidamente que «Cristo está presente en su palabra, cuando se lee en la Iglesia…» Es una «presencia salvadora» y «esta lectura en la Iglesia añade algo a la simple y hermosa lectura y estudio personal o comunitario de la Palabra de Dios». Sin embargo, la Liturgia de la Palabra «no siempre ha provocado en los fieles el deseo de un encuentro vivencial con Dios a través de la celebración».

La fracción del pan

La proclamación de la Palabra adquiere su dimensión más eficaz en «la fracción del pan», es decir, en la Eucaristía, por eso hemos de pensar «cómo vivimos nosotros la celebración de la Eucaristía; ésta no es sólo ‘escuchar palabras leídas’, incluso bien proclamadas, de la Escritura Santa; es también un conjunto de hechos, gestos, acciones, comportamientos, miradas y silencios, que permitan establecer entre Dios y nosotros la comunión de un diálogo, que nos conduce a una relación psicológica que no se reduce únicamente a conceptos, sino que afecta a lo que somos como hombres y mujeres: sensibilidad, voluntad, capacidad de sentir la belleza, el amor y la bondad».

«Si nuestras celebraciones –advierte don Braulio– sobre todo la Misa dominical, en la que acontecen los sacramentos de iniciación cristiana y otros sacramentos, fueran más sencillas, más religiosas, vividas con más silencio y respeto, se daría con más frecuencia en nuestras comunidades cristianas un gusto por celebrar misterio tan hermoso que llevaría a un despertar evangélico».

Finalmente, el Arzobispo explica que en la celebración de la eucaristía, Dios nos habla en el ahora de nuestra historia: «Dios habla hoy en la celebración, de modo que los libros bíblicos que en ella leemos no nos narran únicamente la historia del pueblo del Israel o del nuevo Pueblo de Dios, sino también y sobre todo esas lecturas son forma y vehículo de la Palabra de Dios enunciada sin cesar en el ahora mismo de nuestra historia».

Palabra y Liturgia

Es decir, «no es el pasado de donde emerge la Palabra; es la Palabra actual la que hace emerger el sentido contemporáneo: es la Biblia leída en la actualidad del Espíritu Santo, en el ámbito de una comunidad creyente»…

«Por esta razón –explica Mons. Braulio Rodríguez Plaza– esta Palabra no alcanza su plenitud, su sentido, su actualidad sino en la fe de los que la acogen. De ahí que la Palabra de Dios deba ser celebrada en la Liturgia»

La Biblia no es un libro del pasado

En el tercer apartado, titulado «Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio», el Arzobispo de Toledo explica que pretende «recordar cosas elementales, que tal vez se han perdido en el Pueblo de Dios a la hora de leer la Biblia, por su alejamiento del mundo de la Escritura. ¿Cuál es la relación entre Palabra de Dios y Biblia? ¿Qué concepto tenemos de Revelación, de Tradición, de Magisterio vivo de la Iglesia?»

«No son cuestiones técnicas –explica– que atañan sólo a especialistas. Se trata de hacer ver a tanta gente que va a nuestras celebraciones, en realidad a todos nosotros, que la Biblia no es libro del pasado, precisamente por la relación que existe entre Palabra de Dios e Iglesia».

«Pienso –afirma donBraulio– que hay un desconocimiento básico de estas cuestiones, pues no puede ser entendida esta relación como algo exterior; tampoco el Magisterio puede entenderse sino como un servicio imprescindible a la Palabra de Dios, que no le hace estar por encima de lo que Dios ha revelado, sino que la guarda para nosotros»

 

Promover la formación bíblica

En su carta don Braulio comenta algunos aspectos que recoge el Plan Pastoral para este curso, así constata la necesidad de «la formación bíblica de nuestro pueblo», que no «será posible sin una espiritualidad de comunión que ‘descubierta en la Escritura’ se hace realidad en la Iglesia diocesana y universal».

Dice también que has que promover una formación permanente en todos los ámbitos de la vida diocesana, especialmente para los pastores y «cuantos viven la corresponsabilidad de la transmisión de la fe cristiana: sobre todo padres y catequistas», así como «en cualquier movimiento apostólico de apostolado seglar». En este sentido, el Sr. Arzobispo considera «fundamental que los procesos formativos cuiden especialmente la lectura de la Palabra y la oración con la misma».

Se refiere también a la homilía: «Todos los que predicamos debemos ser rigurosos, teniendo en cuenta la acción salvífica de Dios en la historia, adaptando el lenguaje, para que diga algo a los oyentes; no ser repetitivos; conjugar la Palabra que exponemos con la situación de las personas que tenemos delante, aplicando esa Palabra a la vida». Y esto porque «el que pronuncia la homilía debe ser ante todo un oyente de la Palabra».

Otro de los aspectos es la catequesis: «Se trata de hacer «que el alma de la catequesis sea la Escritura, como ha sucedido en tantos momentos de la historia de la Iglesia». Porque «la separación entre la Sagrada Escritura y catequesis siempre es lamentable, pero hoy lo sería más, empeñados como estamos en renovar la Iniciación cristiana».

Por último explica don Braulio que «mi anhelo es que se dé en nuestra Iglesia un verdadero afán por la lectura individual y comunitaria de la Escritura». Por eso «tendrán que hacer un esfuerzo las parroquias y otras comunidades cristianas para ofrecer esos círculos bíblicos, cursos de formación, escuelas de escucha de la Palabra de Dios para los fieles, que continúen el esfuerzo de los grupos bíblicos que ya existen, gracias a Dios, entre nosotros».

En el epílogo, el Arzobispo de Toledo afirma que «esta hermosa tarea de nuestra vida cristiana, que es el conocimiento y la vivencia de la Palabra de Dios como oyentes de la misma, no trae sino enormes beneficios a nuestras personas, y a nuestra Iglesia toledana».

(Archidiócesis de Toledo)

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